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Full text of "Cincuenta y seis poemas"

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4> 



CINCUENTA 
Y SEIS 
POEMAS 



OBRAS DEL MISMO AUTOR 



POESÍAS 

REGRETS 

ALLÁ LEJOS 

CIELOS Y LLANURAS 

NUEVOS HORIZONTES 

HUERTO MATERNAL 

HUMILDAD 

POEMAS 

EN PREPARACIÓN 



POESÍAS 

CUENTOS A MARYNÉS 
DIVERTISSEMENT 



JULIO J. CASAL 



.CINCUENTA 
Y SEIS 

POEMAS 




MA DR1D - 1921 



C5Y 



ES PROPIEDAD 



LLUVIA 



Por la frente del cielo 

que sufría 
todo el calor de todas sus estrellas, 
pasó su niveo pañuelo 

una nube. . . 
Y la nube, santa y buena, 
exprimió su propio lienzo 
sobre una seca y amarilla tierra. 



L'ECHARPE D'IRIS 



El Campo 
es un lampo 

Azul 
y es un tul 
Verde, Naranja, 
y ondula en él una franja 
a momentos, toda Añil, 
Roja, Amarilla, Violeta. . 
Sobre la lluvia de Abril 

la inquieta 
echarpe d'Irís sus galas 

8 



despliega en limpias escalas. . 

Ramajes, 

trajes 
recién nacidos 
y las princesitas gotas 
visten túnicas ignotas. . . 

Cisnes vagos 
scherzan entre los lagos. . . 

Tul 

Azul. . . 

Franja 
— esencia de naranja — . 
En el verde 
del arco iris, se pierde 
una gota de marfil. . . 

Brilla 
una gasa amarilla. . . 

9 



Un raso añil 

en el claro mar se moja. . . 

Una seda nueva y roja. . . 

Un violáceo terciopelo 

es el abrigo del cielo. . . 

De pronto se abre una grieta 

en el mar dorado. . . Entonces 

(la noche sonó sus bronces) 

se deshace la paleta 

Amarilla, Azul, Naranja, 

Roja, Añil, Verde y Violeta. . . 



10 



LA RAMA 



El crepúsculo incendia la colina 
con su dorada lumbre mortecina. 
Sobre el espejo de una fuente, juega 
la sombra de una rama. . . Se va. . . llega 
La marchita y vieja copa 
del árbol, feliz se arropa 
en el raro terciopelo 
de la tarde. . . Y la desnuda 
rama, semeja un pañuelo 
que al horizonte saluda. 



11 



EXEQUIAS 

La Tarde 
cuando sintió su vida declinar, 
floreció en un incendio de fulgores 
(para velos de diosas, ¡qué colores!) 
y fué a hundirse en la sombras de la mar. 

Para hacer las exequias con gran pompa 
vistió la noche el vago terciopelo 
de sus brumas fantásticas y bellas. . . 
¡El mar fué el ataúd, sonó su trompa 
la brisa y fué la tapa el mismo cielo 
claveteado con todas las estrellas! 

12 



MI SOMBRA 



Un salto prodigioso 
hasta una estrella. . . 
De una estrella a una nube. . 
Desde la nube al mar. . . 

Y mi sombra 
se mece en el agua; inquieto, 
maravilloso columpio. 
Mi sombra-espíritu, nunca 
se resigna a la caída 
y a ser un frágil juguete 
de las olas. . . Y de pronto, 

15 



aprovechando 

la vertiginosidad 

del gran columpio marino, 

que la brisa 

vibracionalmente impulsa, 

mi sombra se desprende 

de las olas. . . 

jY torna al salto 

y en un columpio invisible, 

imaginario, 

de estrella a estrella, 

se balancea 

luminosamente! 



14 



UNA HORA 



Una hora 
indagadora. . . 
¿En dónde 
se esconde 
el nuevo panorama, 
la única llama, 
la no vista rama, 
el paisaje 
de traje 
maravilloso y sumo? . 

15 



Inútilmente buscamos, 
pues solamente encontramos 
humo, humo, humo. . . 
Y humo. 



16 



EL CANTO DE LAS ILUSIONES 



Somos el jardín de Mayo 
y el maravilloso rayo 
de sol, que iodo lo dora. . . 
Somos el lirio fragante 
y ese rocío: diamante 
que el traje niveo decora. 

Somos el cantar alado 
de los niños en la fuente 
y el espejo transparente 
del agua. . . Y el encantado 

17 



viejo rincón de glorieta, 
en donde un ave poeta 
trina su acento perlado, 
bajo el reflejo plateado 
de alguna luna discreta. . . 

Somos lo bello. . . Y somos 
como fantásticos pomos 
de una esencia idealizada. 

Y sopla un viento de duda 
que todo el jardín desnuda. . . 
¡Y entonces no somos nada! 



18 



SUENA. . . 



Suena la ocarina, 
Ruidos de cristal, 
globitos de goma. . 
Todo el aroma 
de la calleja natal. . 
Todo el aroma. . . 
jTodo el aroma! 



19 



PLEGARIA 



Si antes de mi existir 
y entrar en el dolor 
del vivir, 

me hubieras permitido 
ser lo que yo deseara, 
yo habría de elegir, 
Señor, 

ser una fuente clara, 
alguna nube, un nido, 
un remanso, el oleaje 

20 



del mar, cualquier paisaje, 

un árbol, un reflejo, un astro, ser 

el misterioso y vago atardecer. . . 

Esa fragante flor que pinta Abril, 

o lo que lleva un miserable nombre, 

cual la oruga, el reptil. . . 

¡Todo lo hubiera sido, menos hombre! 



21 



SINFONÍA DE COLOR 

LA PROCESIÓN 

NIEVE AURORA NOCHE 

VIEJAS NIÑAS CURAS 

Derraman su olor 
blanco, las voces puras: 
«Santa María, 
Madre del Señor. . . > 
Un sol tropical: 
el cardenal. . . 
Hay un acento de músculo. 
Y va un obispo: el crepúsculo. . . 

22 



Me inquieta 
la mancha violeta. 
Un casco: nota gris. 
Una nota sin color: la miss 
que mira tras sus ojuelos. 
y azul: los cielos. 
Brilla la verde bata 
de una hilera de pláta- 
nos: ¡Mi cálida América! 
La tarde histérica 
Ya no tiene matiz. . . 

La procesión perdióse por la 
calle vecina. . . Apenas una orla 
se ve de la sobrepelliz 
de un sacerdote. Llega una vaga 
voz que se apaga: 
. : . Ora pro nobis. . . 

25 



LACTANCIA 



La brisa hinchó los senos de las nubes, 
Mi ilusión ascendió — niñiío tierno — 
y bebió hasta saciarse 
de los pezones de oro, luminosos. . . 
y amamanté mi ensueño con estrellas. 



24 



EL PISO 



El piso 
pese a sus pocos años 
tiene intensas arrugas. . . 
Ha envejecido prematuramente 
bajo la pantomima 
tan grotesca 
de los pies bailarines. . . 

Pero en vano 
quiere disimular su aspecto triste 

25 



recurriendo al consuelo del afeite 

de la brillante cera. . . 

jPobre cortesana 

demacrada y vieja 

que recurre inútilmente 

al perfume y a las cremas! 



26 



LA BIBLIOTECA DEL CURA X 



Biblia. . . Historia. . . Don Quijote. . 
Balmes. . . Chateaubriand. . . Feijóo. . 
«Cuentos» escritos al trote. . . 
Dos iniciales: A. O. . . . 



¿De quién son las iniciales? . . . 
Santo y lírico misterio. . . 
Un libro pesado y serio 
sobre los dogmas sociales. 

27 



Muctia ciencia — poca estrofa. , 
El dueño teme la mofa 
de algún amigo ignorante. . . 
Sin embargo, entre un «Homero» 
y un «Manual», resalta el cuero 
rojo de un libro galante. , . 



28 



NOCHEBUENA 



Se ha puesto la ciudad 
— para la festividad — 
sus lindos botines blancos. . . 
Sobre dos árboles, vieja, 
manchada nube, semeja 
andar con dos verdes zancos. . . 

Plata. . . Cristal. . . En la noche 
cantos, broche 

de la nieve. . . Ansias, quimeras. 
Toda la suerte. 

29 



La ilusión más amplia y loca, 
¡Mañana, cuando despierte. . . 
la ciudad tendrá ojeras, 
sueño y mal gusto de boca! 



§0 



NINFAS 



El corazón del vidrio se emociona, 
cuando a tierra se lanzan 
asustadas las gotas 
huyendo de la sabia red del Viento. 

Ninfas 
que inútilmente ansiaban 
huir, para seguir 

viviendo en una fresca rama verde. . , 
Complicidad eterna del vacío. . . 
Y el Viento, fauno invisible 
las recogió en sus brazos. . . 

51 



Por las vírgenes de plata 

que fueron traidorameníe 

hacia el amor, 

el corazón del vidrio se emociona. 



32 



EL LOCO DEL AGUA 



Flotaba su blusón: 

hoja fantástica 
— todo el verde-amarillo del Otoño. . . 
Iba afiebrado. . . Apenas se le oía 
llegar, en los estanques 
se quebraba 

el crisíal^de las notas 

de las ranas, 

y los claros nenúfares 

a su vista, asustados 
pugnaban por hundirse entre las aguas. . . 

55 

3 



En las tardes de sol, 
en llanto se empapaba 
el sentimiento del demente. . . Todos 
los charcos se secaban, 
y el pobre loco, en amplios 
transportes de emoción, ebrio, ensoñaba 
esos días de Marzo, cuando el aire 
se engalana 
con crespones de bruma 
y sus cintas de plata. . . 

Sobre la dura tierra, 
alegres repicaban 
los ópalos. . . 
Cantaban 

con voces infantiles 
las piedritas de nácar. 
Entonces, 

54 



su ingenua algarabía 

vestíase de galas, 
y entonando unos aires sin sentido 
se perdía en las calles enfangadas, 
o a veces de improviso 

se aquietaba 
bajo las nuevas hojas de algún árbol. . . 

y sediento alargaba 
el lirio enfermo de su triste mano 
hacia las gotas claras. . . 



Lo he de encontrar en una tarde de oro, 
tarde limpia de lágrimas 
celestes. . . He de verlo 
flotar sobre las aguas 
de algún estanque amigo. . . 

55 



¡Sufre el estanque tantas 
injurias del buen loco! Sus cristales 
los quebró muchas veces a pedradas 
¡Ha de saciar acaso 

toda su sed de agua 
y compasivo ha de servirle un día 

de rumorosa caja! 



56 



LOS NARCISOS 



Nuestra voz desentona 
en el ambiente triste, femenil, 
de hombres modernos. . . 
«Símbolos eternos» 
tan en consonancia 
con la fragancia 
de las rosas de Abril. . . 
ojos agrandados, 
por la astucia fácil 
del carbón. . . y una grácil 
y frágil 

37 



figura de insexuados. . . 

Ni una arruga 

intelectual. . . 
Nuestra presencia los pone en fuga 

y en su artificial 
pantomima de oro y seda, 

cada uno remeda 
al alejarse — notas de rubor — , 
a esos galgos que temen 
la fusta del cazador. . . 



58 



EL POEMA DE LAS CAMPANAS 



Se ha quebrado la queja 
de la campana vieja 
que asombró la tarde. . . 

Talán. . . 

talán. . . 

Y en el azul arde 
una voz infantil: 

Tan. . . tan. . . tan 

Y el convento envía 
a la ciudad 

la santidad 

59 



de un perfume de Abril. 

Desde la torre 

parte una niña. . . 

Corre. . . , corre. . . , 

vuela por la campiña. . . 

La persiguen varias 

diminutas plegarias. . . 

Una lleva 

una falda nueva, 

otra un corpino rosado, 

otra un zapato acharolado. . . 

Veo las notas de color: 

Raso. . . , terciopelo. . . , seda. . 

Las niñas juegan a la rueda 

y a Martín Pescador, 

En eso, huyen desaforadas. . . 

El campanario rezonga. . . 

40 



Y advirtiéndolas prolonga 
su voz de trueno, que rueda 
entre las niñas. . . Y el coro 
se quiebra en risas plateadas 

Y en las fugas precipitadas 
agitaron la arboleda. . . 
¡Fuga del oro, 

del pétalo y la seda! 



41 



1 

INFANCIA 



Andaba el sol con su plumero de oro 
entre las telarañas del espíritu; 
y libro abierto, el profesor podía 
corregir la sintaxis, y las faltas. . . 
El sábado dejaba en el colegio 
nuestro yo «de uniforme». 
Y el domingo era un ruido 
de campanas, de aromas, de cristal. 
Notitas de color, tercas, pugnaban 
por arrastrar el hilo. . . 

42 



Dichosos, tan de prisa, 

soplábamos, que a veces 

la ilusión estallaba. . . 

¡Un sueño fracasado era aquel globo! 



Ab 



EL GLOBO 



Aquel globo 
era una nota de color tan bella, 
que alguien desde lo ignoto 
atraía hacia sí. 
Todo lo nuestro, todo, 
se lo quitamos a la Nada. . . Entonces, 
¿por qué asombrarse si alguien 
desde la nada, viene a hurtarnos algo? 
Y el globo era una idea, 
era un color, 
que a no dudar volaba, 

44 



rumbo a un poeta, o a un pintor. . . 

allá, en el otro lado. 

¿En qué paisaje acaso vibraría 

la llamarada roja? 

¿Qué consonante extraño, prodigioso, 

qué música no oída 

por nosotros, 
pondría en la estrofa 

el globo? 



45 



CRISTALERÍA 



Se ha quebrado toda 
la cristalería 
del Ritmo. . . La moda 
así lo exigía. . . 
Ni soneto, ni oda, 
ni otra orfebrería, 
en los versos. . . Poda 
bien la fantasía. . . 
Consonante Hermano 
¿qué haremos entonces? 
No sirven tus bronces 

46 



ni tu pedrería. . . 
Lo impone la moda. . 
¡Cantar es en vano 
si se quebró toda 
la cristalería 



de tu ritmo, Hermano! 



47 



VANIDAD 



Canta la brisa 
su letanía orgullosa. 
El mar gruñe la rebelde 

y monótona 

cantinela 
siempre altiva de su estrofa. 
La blanca arena 

que moja 
el agua, quiere ser oro. . . 

Y ser joya, 
verde y deslumbrante, ansia 

48 



una humilde y frágil hoja. . . 

Vanidad 
en los hombres y en las cosas. 
Vanidad. Cristales fatuos. 
Apariencias engañosas, 
que brillan sin tener fuego 
y repican aun sin notas. . . 
En el azul, pone Venus 
la pedante y amplia orla 
de su vestido de corte. . . 
Una barca pescadora , 
marca una estela 

que anhela 
ser de plata. . . Y el crepúsculo 
sobre el horizonte, esponja 
— fantástico pavo real — 
la majestad de su cola. . . 

49 



EL COLLAR 



El filo de unas hojas 
dividió el agua, en claros 
y redondos fragmentos cristalinos, 

Peina la brisa 
las cabelleras húmedas y verdes. 
Y el sol, en ristre la aguja 
de su rayo, se me antoja 
que con su seda dorada, 
va hilvanando 
para el collar de algún hada 
las limpias cuentas de vidrio. . . 

50 



LA VIAJERA 



La sombra corre a toda 
velocidad por el campo. . . 
De improviso, la traga 
la enorme boca del túnel. . 

Renace. . . 
Se extiende en un pantano. 
Se ahoga la escueta 
ramazón de un árbol. 
Cuando el tren se detiene 
sufre con la quietud. . . 

ahora, 

51 



va a saltos, 

enloquecida. . . 

manchando la albura de las carreteras, 

trepándose a los alambres. . . 

Afiebrada viajera. . . 

Telegrama urgente 

¿Hacia qué puerta? 

¿Por qué ventana acaso 

penetrará tu niebla? 

¡Si alguien, 

en una poderosa 

circunferencia 

de voluntad 

lograra detenerla! 



Dos árboles distintos. . , 
Dos manchas de un verde 



52 



desigual, 
armonizan, en un solo tono 

vibrando 
bajo el abrazo de la mensajera 



55 



t 

LAS GAFAS DE LA ABUELA 

No podemos mirar el sol 
porque si en él descubrimos 
una mancha cualquiera, 
no ha de parecemos mancha, 
«no debemos verla» 
ni podemos observarla 
según el alma desea, 
porque instintivamente 
toda nuestra 
observación, se pone 
las gafas de la abuela. 

Y por el cristal desfila 

54 



iodo lo que pensó ella. . . 

Todo el prejuicio, 

toda la ciencia 

de la moralidad 

gazmoña y vieja. 

Fatal 

y angustiosa herencia. . . 

Nos han dejado una norma, 

, una idea 
a seguir. . . Si hay otras rutas 
deben ser falsas y feas. 

Afortunadamente 
iba por una senda 
y choqué con una 
sensación nueva, 

y se me cristalizaron en mil fragmentos 
las gafas de la abuela. . . 

55 



LAS CASAS 



Esgrimía la noche 
el rudo látigo. 

Las casas se agrupaban temerosas 
en torno al campanario: 
Niñas que tienen miedo 
del invernal relato 
y buscan el abrigo 
del maternal regazo. . . 
Alumbró el rostro de la altura el brillo 
de la cruz de un relámpago. . . 

Tambores batientes. . . 

56 



¡Tal vez un astro 

quería engrosar con oíros 

sus Estados! 
Potros de crines de fuego. . . 

Un fantástico 
Emperador de yo no sé qué estrella 
rasga los «Tratados». . . 



Las casas se han dormido 
hechas ya al látigo 
y al ruido de la noche. . . 
Despertarán mañana, tal vez bajo 
la sorpresa 
bienhechora de un baño. . . 



57 



/ 



BIBLIOTECA 



En !a biblioteca 
— tan clásica — 
de libros encuadernados 
en una idéntica pasta 
de cuero gris, 

resalta 
un tomo de versos: 

«Hacia 
el Ultraísmo*. . . 
Y sus rojas tapas 
me hacen pensar 

58 



entre las obras tan clásicas, 
tan uniformes y serias, 
en la impresión que causara 
en un convento de monjas, 
y en medio de la plegaria 

una alegre 

y mundana 

y ruidosa 

carcajada. 



59 



LA CUMBRE 



Y en vano llegué a la cumbre. 
Me saturé de idealismo. . . 
pero. . . 

¡Era demasiado lumbre! 
Quise tornar al abismo, 
al abismo terrenal, 
en donde todo es fatal 
y amor y envidia es lo mismo. 

Más «Allá» yo no era nadie. . 
Ni se me notaba apenas. . . 
Y aquí consigo que irradie 

60 



«mi yo» libre de cadenas. 
En el azul, per demás 
era mi alma transparente. 
Y claro, nada, la gente, 
encontró en mi alma jamás. . . 

Alma igual a la de otros. . . 
como la tenéis vosotros, 
romántica o material. . . 
Demasiado transparente 
para la gente. . . 
¡No me servía el cristal! 

En cambio, aquí, qué distinto 
Hasta tengo un plinto 
y me alimento de rosas 
y de las tardes brumosas 

61 



y de paisajes ignotos. . . 

(¡No pensáis ni en el planchado, 

ni en el charol del calzado 

ni en los mustios guantes rotos!) 

Y en vano llegué a la cumbre. . . 
Pero me asestó un ultraje 

la flecha de aquella lumbre. . . 
Y no era nuevo mi traje, 

Y aquí los anteojos están ahumados 
Por otra parte es igual. . . 

Buenos o degenerados. . . 
¡Bah! No lo nota el cristal. 



62 



EL GALICISMO 



A veces 
siento que se desprende de mi afán 
(mi afán: gran muro de piedra) 
toda esa hiedra 
de clasicismo, 
y cuando menos pienso 
me embriago en el incienso 
de un galicismo. . , 

Y el académico entonces 
hace repicar los bronces 

65 



de su acento, rudo, airado: 
«¡Pecado! ¡Pecado!> 

Su acento me hace temblar. . 
Mas, ¿qué importa? 
Es la existencia tan corta. . . 
¡Y es tan hermoso pecar! 



64 



ATARDECER 



Quiebra el reflejo lunar 
el puro cristal de un lago, 
y aún flota en la noche un vago 
perfume crepuscular. . . 

Venus, la diosa del coro 
celestial, los campos llena, 
y en las acacias mecidas 
per una brisa serena, 
semejan frutos de oro 
luciérnagas encendidas. . . 

65 



Un carro pesado y lento 
es en el amplio camino 
como un torpe pensamiento 
que avanza mustio y cansino, 

Y los bueyes patriarcales 
cuando proyectan su sombra 
sobre la verdosa alfombra, 
fingen manchas fantasmales. 

Y entretanto 

la tarde vierte su llanto 
postrero sin un reproche, 
su sombrilla misteriosa 
gris perla, violeta y rosa, 
abre la insondable noche. 



66 



EL CIRCO 



Haremos una 
circunferencia 
con pétalos 
de estrellas 
y luminosidades 
de plantas nuevas. . . 

Retornando al ayer. . . 
— niños del aro y del trompo 
nos sentaremos 
alrededor de la animada pista 

67 



Y sonará en el Circo 
el viejo aire vulgar 
oxidado y ramplón. . . 

Y ella: 
fantástica amazona. . . 

Lo mismo. . . 
Lo mismo que las otras 
se complacieron en quebrar la seda 
de la clara ilusión. . . 

Ella. . . 
Hará todo lo posible 
para que los cascos de su corcel 
chafen todas las plantas 
y todas las estrellas. . . 



68 



AGUACERO 



Ei alma niña saltaba 
a la cuerda, con un rayo 
brumosamente extendido 
desde una nube a otra nube. . . 

Y de improviso, el paraguas 
celeste, sintió su seda 
mojarse. . . Se desprendió 

de entre las nubes, la cuerda. . 
Grave caída. . . 

Y otra vez alma atrevida 
toda mustia y empapada, 

69 



en mi cuerpo encarcelada 

esperas a que allá arriba 

se cansen de verter sus lacrimones, 

Y tornen a encenderse 
los faroles chinescos. . . 



70 



CAPERUCITA 



Sobre los rieles de estrellas 
vuela el trineo lunar. . . 
Y mi ilusión lo impulsa. . . 

Y una nube: 
lobo que iba hacia el mar 
a beber la sangre blanca 
de las olas: rizados corderinos, 
encontróse en la ruta 
con el claro trineo. . . 
Se tragó mi ilusión. 

71 



Viejo lobo, viejo lobo, 
¿no te alcanzaba 
haber hincado el diente 
en la Abuela Esperanza? . . . 
Caperucita: yo te vengaré. . . 
Ilusión, tan vibrante a pradera. . . 
al lobo le abriré el grotesco vientre, 

Y entre los rieles de estrellas 
sobre el trineo lunar, 
volverá a repicar 
tu ingenua risa, 
con vibraciones de plata 
y su fresco olor a musgo, 
caperuciía encarnada. . . 



72 



LOS FAROLILLOS 



En la noche, vibrantes 
diminuías luciérnagas 
van incendiando lirios. . . 

Sin compasión 
las hurta mi ilusión 
para alumbrar tal vez 
sus jardines de bruma. . . 

Los lirios cabecean. . . 
y se calan, ¡oh frailes misteriosos!, 
las capuchas de sombra, 
y entran al sueño. . . 

75 



Ingenuos colegiales. . . 
Es hora de dormir, 
porque alguien se llevó del aromado 
aposento, los claros farolillos. . . 



74 



EL TRÉMOLO 



El trémolo de flauta 

tenía 
el temblor de una gota 

que se apaga 
con la primer sonrisa matinal. . . 

Era una pompa de jabón. . . 
en cuyo globo claro se espejaba 
un brumoso recuerdo. . . 
y brillaba un instante 

75 



y estallaba 
en un lamento de oro. 

Era una vela: nube que cruzaba 
entre las nubes: velas. . . 

Ruidito de cristal, 

clara monotonía 

del eterno renacer 
de las flores silvestres entre el trigo. 

Y de aquella materia, tosca y ruda 
por algún campesino, mal labrada, 
nacía un alma, mágica y desnuda 
de todo fango, limpia, inmaculada. 

Era en la tarde gris 
un pensamiento blanco. . . 

76 



Y en el barrio turbulento 
ponía su acento 
su acento sencillo y franco. 
■ 
Y semejaba 
el trémolo sentido, 
un niñito perdido 
que buscando a su madre, sollozaba. . 



77 



MUSICALIA 



Interpreta el viento, raro 
colaborador, su ruda 
composición wagneriana. . . 
Y la ramazón desnuda 
de un árbol, solloza un claro 
y agudo timbre. . . Hacia el gris 
del cielo, alza una fontana 
su llanto sonoro. . . 
ofrece notas de pétalos 
que se quiebran 
el lamento de unas aves. . . 

78 



En lo gris. . . palabras, sueños, 
notas, iodos hallan claves 
y orgulloso de la página 
toda rumor de cristal, 
rubrica el rayo 
— el compositor genial — 
sobre lo gris, con un firme 
rasgo, limpio y musical. 



79 



ESQUIFES 



Arropado en un rayo de sol, 
junto ala ventana, mi espíritu mira 
tras amplios cristales, las nubes que cruzan. . 
Y huye en los esquifes de plata y de oro. 



Queda el cuerpo a solas. Una masa muerta 
que acoge cual caja piadosa el sillón. . . 
Cuando venga el médico, dirá gravemente: 
«Una taquicardia. Este corazón 
iba tan de prisa. . . > 

80 



Nadie advertirá que hacía algún tiempo 
que el cuerpo vibraba 
a impulso del fuerte 
motor del espíritu. . . 
— ¡dinamia celeste! — 
espíritu audaz, 
claro marinero 
que se fué una tarde, 
sobre uno de esos 
mágicos esquifes 
de plata y de oro. . . 



81 



CAFE 



Bajo el cristal empañado 
de una mesa desgastada, 
grita un anuncio grotesco 
con su voz chillona y agria. 

El cristal 
parece de agua. 
Hay un poco de ceniza 
que tiene forma de barca. 
Un parroquiano plebeyo 
sopla. . . y de improviso cambia 

82 



la nave de sitio. Ahora 
cruzan sus velas grisáceas 
sobre el lago de un espejo. . . 
De cuando en cuando naufraga 
en la onda de la sombra 

de una rama 
que en el lago se refleja. . . 
Un vaso es una campana. . . 

Y el eterno 
diván rojo de la sala, 
enseña por su entreabierta 
y algo ridicula panza, 
la carcomida 
y amarilla paja. 
Copia una enorme bandeja 

oxidada, 
un paisaje arrabalesco. . . 

83 



y es lo mismo que la sábana 
de un cine. . . Y en procesión 
brumosamente fantástica 
cruza un pintor. . . un poeta, 
un viejo, un cura, una capa. . 
una cabellera hirsuta, 

una calva. . . 
El curagao, el ajenjo, 
tas bebidas negras, claras, 
los licores ocres, rubios, 
todos en un ritmo cantan. 

Y en tanto el humo musita 
una sinfonía rara 

en niebla y en gris. 

Y el agua 
algo inquieta 
de una jarra, 

84 



pone en el techo 
una mancha 
de luz, transparente, 
elástica. . . 



85 



PAISAJE 



El sol tiene un reflejo 
marchito de oro viejo. . . 
Con la crepuscular y roja llama, 
seca y sin hojas, arde 
la postrer rama 
del árbol de la tarde. 

La voz de una campana anima y dora 
el silencioso traje de la hora. 
Se divisa confuso un peregrino 
que aparece en la curva del camino, 
y sobre el campo, en sombras ya, descuella 
la caprichosa estrella 
de un molino. . . 

86 



MUNDANA 



En la estancia 
señorial, 
la fragancia 
de un rosal. . . 
El fantástico vestido, 
la inmaculada pechera, 
y un madrigal aprendido 
en una «sección» cualquiera. . . 
El mejor juego a la moda. . . 
Toda 
Toda la animación. . . 

87 



Música. . . 
Túnica 
de humo. . . 
El vals y hasta el rigodón. . . 

Y lo que ha inventado el Sumo 
Artífice, el Hombre. . . : Ruido. 
Mucho ruido, intenso ruido. . . 

Y pese a la animación, 
mi espíritu en un sillón 

de la estancia, está dormido. . . 



88 



EL REGRESO 



Mi espíritu, acaso 
quebrará la carne 

paso 
hacia una cima. . . 
Abrirá una huella 
que no ha de cerrarse 
con la ciencia humana. 
Desde el fondo, el puro 
sudor de mis huesos 
enviará a la tierra 
su claro rocío. . . 

89 



Y en el vegetal 
corazón, un día 
vendrá a cobijarse 
mi espíritu inquieto 
que quebró la carne. . . 
¡Y no hallando cimas 
en donde posarse, 
tornará a la tierra 
del cuerpo, hecho lirio! 



90 



EL LADRÓN 



El cielo penetra por 
la ventana del espejo. . . 
y tumbado sobre un gris 
aburrimiento, yo alargo 
la mano, indolentemente, 
y de improviso se incendia 
con un astro. . . 
Y dejo el sillón del ocio 
alegremente, infantil, 
con ese juguete nuevo, 
como cuando encontramos una rima 

91 



caprichosa y fantástica. . . 

Pero, . . al levantarme, entonces 

(¡oh, burla de los juegos de las aguas 

del encendido espejo!) 

el cielo huyó por la ventana. . . Y brilla 

vago jirón astral 
sobre el cristal. . . 

Y en la llamarada irónica 

de la estrella — con dolor 

yo veo temblar la agónica 

plata de mi pensamiento. . . 

La Estrella — carne celeste — 

fué un maravilloso cebo 

para mi candor, 

y el cielo, el gran pescador, 

vino a hurtar en mis estanques 

el pensamiento mejor. . . 

92 



EL PRESIDIARIO 



Mi pensamiento 
está ojeroso, extenuado. . . 
corrió tanto la noche pasada 
por los caminos blancos, 
que a trechos — ¡ennegrecía 
con su paso! 
Hoy es inútil. . . 

En vano 
se extienden suplicantes 
los niveos brazos 
de las Vírgenes. . . No quiere 

95 



fecundarlas. . . El cansado 
y ojeroso pensamiento, 
no puede dejar la cárcel 
del cerebro, ni escapar, 

¡oh, presidiario!, 

por la ventana 
de la boca, o de la mano. . . 



94 



EL CHARCO 



Las ruedas de un carro 
quiebran sobre el charco 
un nudoso tronco de árbol. . . 

Y el agua entristecida 
se queja en remolinos 
opacos y nubosos, 
y prende a su cristal 
lutos de bruma. . . 

Pronto 
cuando nos llegue el eco 
de la canción del carro, 
tornará a florecer 
la fantástica sombra-luz del árbol 

95 



LA VENGANZA 



Ya nunca más 
apedrearé la estrella 
arrancándole cálidos chispazos. . . 

Toda la fuerza 
de mi honda ha muerto. . . 
Apenas logra 
lanzar pedruscos 
que hieren sólo el corazón humano. 

He visto sonreir 
— todo el sarcasmo — 
los grises labios de una pretenciosa 

96 



e hinchada nube, 

desafiando el arranque, ya marchito. . . 

¡Luminosa Venganza 
con la sangre 
de mi perseverancia, 
y mi ilusión 
cada noche más clara, 
cada invierno más niña, 
he de nutrir mi honda 
y ha de verter la nube 
toda la lluvia que yo necesito 
y con su llanto 
tornará a florecer la mustia tierra! 



97 

7 



• 



LA ESFINGE 

Mi pensamiento ilumina 
con sus rayos 
el rostro del Enigma. . . 
Veo el gesto de sus labios, 
lo tristeza de sus ojos. . . 
Sin embargo, 
nada encuentro, 
todo es vago. . . 

Y va mi luz 
indagando 

inútilmente. . . La Esfinge 
es un cristal empañado. 

98 



Vi de cerca la penumbra. . . 
Bajo las ramas del árbol 
del misterio, ¡tantas veces 
he soñado! 

Y hasta oí crecer sus hojas, 
Y hasta en ellas he ocultado 
mi espíritu: caprichoso, 
débil pájaro. . . 

y la bruma y la sombra 
me abrigaron 
con la noche gris y amplia 
de su manto. . . 

La leyenda fué mi amiga, 
el misterio fué mi hermano. 

99 



Me dio el silencio los lirios 
más extraños. . . 

Y mi cabeza 
he dejado 

más de una vez resbalar 
sobre el brumoso regazo 
de la Esfinge. . . 

Y me ha arrullado 
igual que una madrecita 
con el dulzor de sus cantos. 

Pero. . . ni en sus ojos 
ni en sus labios 
nada encuentro. . . 
todo es vago. . . 

100 



LA SOMBRA- LUZ 



En mi noche sonó un 
aldabonazo matinal. . . 
y mi sombra vistió tocas doradas 

Fué toda luminosa. 
Y en plena noche, 
yo vi purificarse 
el verde de los árboles 
en el baño aromoso 
de un color recién nacido. . . 

Y todas las ramitas 
lucían piedrecitas del rocío 

101 



y eran como unos brazos infantiles 
adornados con gotas de diamantes. 

Y era en la noche plena 
de mi interior. . . 
¡ah!, mi sombra 
era una luz dormida, 
y en plena noche 
había despertado, 
y todo en torno mío 
¡amanecía! 



102 



MILAGRO 



Nuestra imaginación 
— luz de bengala — 
brilla un instante nada más. . . 

apenas 
se enciende, el globo luminoso 
estalla. 
Nota fugaz, 
vida instantánea. 
Y sin embargo 
es lo bastante larga. . . 

103 



Por esa limpia 
y pura llamarada 
hondamente 
fantástica, 
la vejez 

de nuestra alma 
tan herida 
y postrada, 
obedece al milagro 
de una cura santa. , 
¡Tira las muletas 
y anda! 



104 



LA RESPUESTA 



Lancé mi pregunta 
No tuvo respuesta. 
Hurañas y mudas 
las olas, las bocas 
sombrías del puente, 
las grisáceas tocas 
de los campanarios. 

Ni frases de oro, 
ni palabras rudas 
hallé en los rosarios 
de los panoramas. . . 

105 



Pero vi dos ramas 
ingenuas, menudas, 
— hasta hoy desnudas — 
reanimarse. . . Entonces 
vibraron los bronces 
de mi afán inerme. 
ya sin fe, aterido. . . 

¡Las ramitas tiernas 
para responderme 
habían florecido! 



106 



LA VENTANA 



El convento 
sueña bajo el capuchón 
milenario. Una ventana 
deja brillar su cristal, 
amplio, blanco, transparente. . . 

De improviso, 
en el interior, desata 
un órgano su risa: aurora y plata, 
Y el cristal de la ventana 
por un milagro se anima. . . 

107 



Se ilumina. . . 
Verde, Oro, Ocre, Grana. . . 
Todas las voces del órgano 
cobran figuras brumosas 
sobre el vidrio fantasmal. . . 

Esírelliías cogidas de la mano 
danzan en rueda. . . 
Toda la seda. 
Encajes fantásticos, 
toda la pedrería. . . 
¡Inesperadamente 

se apaga 

la vaga 

voz musical. . . 

y el cristal 

de repente 
torna a ser blanco, limpio y transparente, 

108 



COLOR 



Una mancha gris, 

otra azul, 

otra verde, 
y una indefinida 
procesión de colores, 

rojos, 
anaranjados, 

ocres, 
violáceos. , . y 
la línea del horizonte 

que semeja 

109 



sobre el acuático monte 
una enigmática ceja. 
Y el mar. . . 

Y una nave. . . 

Y otra nave. . . 

Y otra nave. . . 

y una procesión de naves 
verdes, 
azules, 
de oro. . . 
y el crepúsculo, el pintor 
que al morir deja en las naves, 
en las nubes, y en las aves, 
y en las olas, su color. 



110 



CUADROS DE A BORDO 



MANON 

Cada cuatro horas luce un nuevo traje. 
Despierta murmullos en todo el pasaje 
con sus blusas claras 
y sus frases raras. . . 

Sobre los divanes ensaya posturas 
que evocan las líneas de las esculturas: 
La engarza el khedive — artífice sumo — 
entre las azules espirales de humo. 

111 



Como el legendario mosquetero bebe, 
cubre de sortijas la mano de nieve. 
Interpreta al piano lánguidas gavotas. 

Exagera el tinte de sus altas botas. 
Se oxigena el pelo, se pinta los labios 
y ríe de todos los consejos sabios. 



112 



VENTILADOR 



Ventilador. . . 
Molino de opereta 
que exalta todo el valor 
de algún extraño poeta. 



El salón: campo minúsculo. 
Y entre el velo del crepúsculo 
el artista ve al gigante. . . 

115 



Y su ritmo centelleante 
siente rasgar su percal 
de llamativo color, 
entre las aspas del sal- 
tarín Don ventilador. . . 



114 



AMANECER 



Me siento renacer. , . 
por mi ventana 
entra la clara luz de la mañana, 
Se renueva mi ser, 
y en mi huerto interior 
noto crecer lozana 
la más fragante flor. 

Inúndanse de trinos 
los enormes arbustos 

115 



que semejan robustos 
y alegres peregrinos. 

Voluptuosa y sensual, se despereza, 

la tierra al sol. Desata 
la aurora su sonrisa de oro y plata. 

Con el día que empieza 
por esa escala limpia y transparente 

de la lumbre naciente 
me parece ascender a la Belleza. . . 

Me palpo y este lodo 
de carne, ha muerto todo. 
La idealidad me abriga. 
El envoltorio material se abate 
y solamente late 
un espíritu alado que investiga. 

116 



EL PARAGUAS DE LA ILUSIÓN 



Se ha quebrado la rama 
déla ilusión. . . 
Queda un hueco en el árbol 
espiritual. . . 

Menos frutos, menos sombra 
para la sed del camino. 
Cuando llueva el desengaño, 
ha de mojarse el espíritu. 
Mejor. ¿Acaso la vida 
se pasea siempre al sol? 

117 



El espíritu debiera 
saber resistir el agua 
del dolor. Y aclimatarse 
en todo país y no 
abrir a cada momento 
para escapar de la lluvia 
otoñal e implacable, 
ese paraguas cursi 
de alguna ilusión fácil. . . 



118 



LA OLA 



La ola llega mansa, toda verde 
y serena, mas choca 
en la salvaje roca 
y de improviso pierde 
el alga luminosa de su diafanidad. 



Y entonces, con intensa brusquedad 
la ola se rebela 
contra el peñón austero. . . 

119 



Y salta, y ruge, y vuela, 

y lo maltrata, pero 

aunque lo inunda y muerde 

y lleva todo el iris en su espuma, 

su fuerza se doblega y como pluma 

torna otra vez al mar, tan mansa y verde. 



120 



ÍNDICE 



Páginas 

Lluvia 7 

L'écharpe d'Iris 8 

La Rama 11 

Exequias 12 

Mi sombra 15 

Una hora 15 

El canto de las ilusiones 17 

Suena 19 

Plegaria 20 

Sinfonía de color 22 

Lactancia 24 

El piso 25 

La biblioteca del cura X 27 

Nochebuena 29 

Ninfas 51 

El loco del agua . . 53 

Los narcisos 57 

El poema de las campanas 59 

121 



Páginas 

Infancia 42 

El globo 44 

Cristalería 46 

Vanidad 48 

El collar 50 

La viajera 51 

Las gafas de la abuela 54 

Las casas 56 

Biblioteca 58 

La cumbre 60 

El galicismo 65 

Atardecer 65 

El circo 67 

Aguacero 69 

Caperuciía 71 

Los farolillos 75 

El trémolo 75 

Musicalia 78 

Esquifes 80 

Cafe' 82 

Paisaje 86 

Mundana 87 

El regreso 89 

El ladrón 91 

122 



Páginas 

El presidiario 95 

El charco 95 

La venganza 96 

La esfinge 98 

La sombra-luz 101 

Milagro 105 

La respuesta 105 

La ventana 107 

Color 109 

Cuadros de a bordo 111 

Ventilador 115 

Amanecer 115 

El paraguas de la ilusión 117 

La ola 119 

índice 121 



V V 




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Connecticut 

Libraries 





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